Para acabar con Eddy Bellegueule, el horror de la homofobia

Hace unos meses se publicó aquí en España Historia de la violencia, la nueva novela de Édouard Louis. Con motivo de su publicación, en diversas reseñas se recordaba el enorme éxito cosechado por este joven autor francés con su primera novela Para acabar con Eddy Bellegueule, que fue un fenómeno editorial (duró solo unas horas en las librerías francesas cuando salió a la venta en enero de 2014) y acaparó mucha atención mediática.

La verdad es que no había leído esta novela y me picó la curiosidad. Compré los dos libros juntos y decidí empezar por el primero, que ahora reseño.

Para acabar con Eddy Bellegueule es una novela autobiográfica muy dura, que a veces cuesta leer a pesar de ser un libro que no llega a las 200 páginas. Narra la infancia y adolescencia de su autor, Eddy Bellegueule, un homosexual nacido en un pueblo del norte de Francia muy deprimido económica y culturalmente. Desde muy pequeño tuvo una voz aguda y unos modales amanerados, lo que le granjeó los insultos de sus vecinos, el desprecio de su familia y las palizas y vejaciones de dos compañeros en el colegio. En su infancia, de la que no guarda ningún recuerdo feliz, se sintió excluido y discriminado por ser diferente y no ser “un tío duro”, como se esperaba de él. Además vivió la pobreza (su padre se quedó en paro tras un accidente laboral que le impidió seguir trabajando y la familia tuvo que vivir de las ayudas económicas del gobierno) y el machismo, racismo y alcoholismo imperantes en su entorno. Huyó de su casa a los dieciséis años (“no en un acto de heroísmo, sino de desesperación”), estudió en la universidad, renunció a su nombre y pasó a llamarse Édouard Louis.

La novela retrata una clase social muy baja (la madre de Eddy creía que los obreros eran unos burgueses porque tenían un sueldo todos los meses, mientras que ellos sobrevivían gracias a las ayudas sociales) y muestra un panorama muy sombrío para sus integrantes, que no tienen muchas posibilidades de mejorar socialmente.

Me ha llamado mucho la atención la exclusión dentro de la exclusión, la dureza de los desfavorecidos con los de su propia clase. En su infancia el propio autor compartió el desprecio de su entorno por los homosexuales, llegando incluso a justificar de alguna forma a sus agresores homófobos. De hecho, intentó en varias ocasiones que su manera de ser y sus inclinaciones sexuales cambiasen y al no lograrlo se sintió tan desesperado que no tuvo otro remedio que huir.

La novela es tan dura que muchos creen que lo que se describe en ella es una caricatura exagerada de la realidad, cuestionando que ésta sea así. Sin embargo, a veces conviene creer que las cosas no son como son, que los discriminados no son tales porque no van por ahí contando sus vivencias (el autor dice que es muy difícil reconocer las humillaciones sufridas). Pero cuando nos asomamos a las páginas de los periódicos, en ocasiones vemos en ellas realidades que se asemejan mucho a lo que se describe en esta novela y entonces comprobamos, desalentados, que no es tan descabellado lo que en ella se narra.

A mí personalmente lo que más me ha costado creer es que en Francia, el país de la libertad, igualdad y fraternidad, pueda haber tanta homofobia. No quiero pensar en las experiencias que vivirán los homosexuales en otras naciones menos tolerantes. Todavía hay en la actualidad un buen puñado de países en los que la homosexualidad se considera un delito e incluso en algunos de ellos se castiga con la pena de muerte.

La lectura de Para acabar con Eddy Bellegueule me ha ratificado en el NO rotundo a la homofobia y a cualquier tipo de discriminación y en el SÍ rotundo a la igualdad de oportunidades. Todos merecemos respeto por nuestra condición de seres humanos y todos merecemos tener la oportunidad de mejorar. La vida de Édouard Louis tras su huida pone una nota de esperanza.

 

X.A.G.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *